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Con el Programa Crédito Fiscal podés capacitar a tus empleados y el Estado Nacional te emite un “certificado de crédito fiscal” por el valor de la formación. Luego usás ese certificado para pagar tus impuestos nacionales.

Es decir, que en lugar de pagar los impuestos nacionales podés usar ese dinero para capacitar a tu equipo de trabajo.

Los impuestos que podés pagar con ese certificado son IVA, ganancia mínima presunta, impuesto a las ganancias e impuestos internos.

Existen diferentes tipos de organizaciones que pueden participar:

  • Mipymes: pueden capacitar a sus empleados o ceder el dinero para otra organización.
  • Grandes empresas: sólo pueden ceder su cupo a otra empresa de su cadena de valor.
  • Emprendedores/as: pueden recibir las capacitaciones.
  • Instituciones intermedias de apoyo Pyme: pueden participar como beneficiarias en la modalidad para fortalecimiento de infraestructura para el desarrollo regional.

La fecha límite para ingresar es el 30 de septiembre o hasta agotar el cupo por lo que la fecha de cierre termina siendo antes.

Para participar del programa tenés que presentar un proyecto al Ministerio de Producción de la Nación. Luego de ejecutado, tendrás que presentar una rendición de los gastos. Una vez aprobada la misma, te emitirán el certificado para que uses para abonar los impuestos.

Para calcular el monto del certificado, hay dos elementos clave:

  • Tamaño de la empresa calculado en base a la cantidad de empleados registrados.
  • Volumen de la masa salarial bruta (suma de los salarios de los empleados).

Desde Grupo Comunicar hace más de 10 años que acompañamos a empresas de la región en este programa. Nuestro acompañamiento es integral e incluye:

  • Elaboración del proyecto: soporte en las certificaciones contables necesarias, formularios y cronograma de capacitaciones.
  • Presentación y seguimiento.
  • Ejecución: somos Unidad Capacitadora registrada en el Ministerio de Producción y contamos con un equipo profesional interdisciplinario para la ejecución de las capacitaciones.
  • Rendición del proyecto: contamos con experiencia para darte soporte en la elaboración de los documentos necesarios para la rendición.

Capacitar a tu equipo de trabajo en este contexto es la mejor inversión que podés realizar. Por eso te invitamos a contactarte con nosotros o agendar una reunión gratuita para conocer cómo te podemos ayudar.

Evolucionemos juntos.

La Evolución Organizacional es, en palabras de nuestro Especialista en innovación e Ing. Gastón Guillerón, “un proceso por el cual una empresa independientemente de su tamaño capitaliza la tecnología al servicio de su negocio. Tiene que ver con tecnología pero también con la cultura de esa organización y de cómo las personas que la componen entienden y captan todo lo que es el mundo digital”.

Entre los beneficios para las Pymes y organizaciones figuran el aumento de las ventas, poder agilizar los procesos internos y conocer mucho más al cliente y brindarle un mejor servicio.

“En Grupo Comunicar la propuesta de los proyectos de evolución digital comienzan con un diagnóstico para evaluar la maduración digital de esa Pyme. A partir de allí se traza un plan de acción con el objetivo de llevar a la organización al proceso de transformación, que puede tener diferentes etapas de acuerdo al diagnóstico. Por ejemplo, hay organizaciones que están comenzando a dar sus primeros pasos en materia digital y otras que ya lo han incorporado, pero tienen que aprovechar los activos digitales”, explica nuestro profesional.

En detalle, nuestra metodología se basa en cinco instancias:

  1. Diagnóstico: realizamos un relevamiento del impacto de las tecnologías en el día a día de la organización, analizamos el estado actual de la organización en materia digital y realizamos una definición del mismo.
  2. Planificación: definimos el Plan de Transformación Digital ajustado a la realidad y necesidades de la organización.
  3. Preparación: capacitamos al personal clave y preparamos a la organización para comenzar el proceso de evolución digital.
  4. Ejecución: hacemos un seguimiento continuo del Plan y la maduración digital de la organización. Tomando como base el diagnóstico inicial, monitoreamos su evolución y los resultados que va arrojando el proceso desde sus inicios.
  5. Cierre: realizamos una revisión de los objetivos definidos y los logros concretados, enunciando aspectos a mejorar. Esto sirve de puntapié inicial para nuevas transformaciones.

En ese marco, nuestro especialista explica que “para llevar adelante este cambio es necesario trabajar en equipos, que suelen estar conformados por personal interno de la organización, que tienen que ser agentes de cambio para todo este proceso. Pueden ser profesionales vinculados a la tecnología, los recursos humanos, la administración de empresas, para que de manera conjunta la organización vaya madurando y alcanzando la excelencia digital”.

El principal desafío va mucho más allá de la tecnología, y tiene que ver con el cambio cultural que tiene que transitar la organización. Es necesario comprender que el rol de la tecnología pasó de ser algo que brinda un soporte a ser una herramienta que permite captar y generar nuevas oportunidades y ser más estratégicos.

Sabemos cómo acompañarte para dar este paso, con estrategias creativas y a la medida de tu empresa. ¿Estás listo para evolucionar? Agendá una reunión gratuita con nosotros.

Por Cristhian Fink.

Hablar de ventas por canales digitales requiere pensar estratégicamente cada etapa del proceso de venta y las interacciones del cliente en cada una.

Por lo general tenemos en cuenta dos canales: redes sociales y tienda online. Pensar solo en eso es como creer que por tener una «vidriera linda» en el local tenemos las ventas aseguradas. Cerrar una venta depende de cómo es la atención al cliente cuando ingresa al local, si encuentra el producto en las medidas o colores que necesita, si aceptamos su medio de pago y de otros factores que se suman al efecto que puede tener la vidriera.

Tener todos los productos publicados en la web y las redes sociales «lindas» y con publicaciones todos los días no nos garantiza ventas.

Desde Grupo Comunicar acompañamos a las empresas a implementar o fortalecer sus ventas a través de canales digitales desde una mirada sistémica y estratégica.

En este artículo te contamos un poco sobre nuestro proceso.

Análisis de la organización

Antes de comenzar a implementar alguna estrategia es necesario realizar un análisis interno (producto, precios, distribución, entre otros) y externo (clientes, competencia, mercado, tendencias, entre otros) de la organización.

Esto nos permite definir acciones que sean a medida de cada negocio y conocer la realidad de cada organización.

Objetivos comerciales

«Quiero vender más por internet» es una expresión de deseo. Para que se convierta en un objetivo debemos definir qué productos o servicios vamos a priorizar, cuál es la estrategia de precios, cuáles son los canales de distribución, a quién se lo vamos a vender y la capacidad de producción, entre otras cuestiones.

Los objetivos comerciales deben de ser específicos, medibles, alcanzables, realistas y definidos en el tiempo.

Cliente ideal

Luego es clave definir quién es nuestro cliente.

Para esto usamos la herramienta del Mapa de empatía, que nos pone en los zapatos del posible comprador para analizar qué siente, a quienes escucha, qué ve y qué piensa en relación a nuestro producto.

Otra herramienta es el Esquema de propuesta de valor. Cada cliente tiene necesidades específicas que nuestro producto o servicio soluciona. Es fundamental analizar cómo lo que vendemos genera valor en la vida de ese cliente.

Proceso de venta

Una vez que tenemos en claro quién es nuestro cliente ideal, debemos definir cómo lo vamos a atraer a nuestra marca, cómo vamos a facilitarle la compra y cómo lo vamos a fidelizar para que vuelva a comprarnos y recomendarnos.

En la etapa de atracción tenemos las estrategias en redes sociales, de email marketing, publicidad digital, influencers, artículos en el blog y muchas más.

Supongamos que vendemos insumos de informática para empresas. Podemos armar un catálogo en pdf con productos para empresas y enviarlo a los colegios profesionales, cámaras u otras organizaciones que nucleen empresarios. Al ser una acción más directa que publicar en redes sociales, posiblemente tengamos mejores resultados.

Luego en la etapa de conversión aparece la tienda online. Ésta debe de ser lo suficientemente intuitiva para que el cliente ideal pueda terminar la compra en 3 clics.

En esta fase también tenemos que estar listos si alguien escribe por Whatsapp y quiere comprar. A veces con tener Whatsapp Business, un catálogo de productos o servicios en imagen o PDF y el link de pago en Mercado Pago es suficiente para cerrar una venta.

Muchas veces se cierra el proceso cuando se realiza la venta. Sin embargo, tenemos una etapa más: la fidelización.

Es más rentable volver a venderle a un cliente satisfecho que invertir en conseguir nuevos clientes. Por eso es clave tener estrategias de posventa para garantizar la satisfacción y para incentivar a la recompra y la recomendación.

En esta etapa podemos usar los descuentos para clientes actuales o descuentos por recomendar a un amigo.

Han confiado en nosotros:

Experiencia del cliente

Una vez que definimos el proceso de venta, analizamos cómo es la experiencia del cliente en cada etapa. Para esto usamos la herramienta de Customer Journey Map o Mapa de la Experiencia del Cliente.

Se trata de mapear todas las posibles interacciones del cliente con la marca. Desde que está buscando el producto en la web hasta que lo recibe en su casa y lo usa.

En este punto analizamos las expectativas del cliente en cada interacción, el nivel de experiencia que vive en cada una, los canales a través de los que se realiza, cuáles son los momentos críticos o de dolor y qué cuestiones pueden satisfacerlo mejor.

Una buena experiencia al cliente depende de cómo se gestionan los momentos críticos (por ejemplo, el momento del pago) y cómo se conecta cada interacción con el canal por el que se realiza (por ejemplo, la gestión de los reclamos por Whatsapp).

Con este mapa podemos optimizar la experiencia vivida por el cliente, potenciar los momentos positivos y ver cómo minimizar los negativos. También nos permite generar nuevas interacciones que nos diferencien de la competencia y potencien la rentabilidad.

De este mapa también podemos preveer posibles preguntas frecuentes, dudas o reclamos de ese cliente y así generar plantillas de respuestas. Esto permite agilizar el proceso de atención al cliente.

Plan operativo

Luego de definido el proceso de ventas y mapeada la experiencia del cliente, elaboramos el plan operativo para llevarlos a la acción.

Esto depende de cada negocio. En algunos puede ser optimizar la tienda online y la estrategia de email marketing. En otros puede ser optimizar las redes sociales y la estrategia de Whatsapp Business.

En este punto es clave definir las acciones específicas, el tiempo para realizarlas, la persona a cargo y cuál es el indicador para medir el resultado.

Ejecución

Llega el momento de pasar a la acción.

En este punto acompañamos a nuestros clientes en la producción de contenidos (redacción, diseño gráfico, producción audiovisual y podcast) así como en la estrategia de redes sociales, publicidad digital, ecommerce, email marketing, entre otras.

Siempre es a medida de cada negocio, dependiendo de sus estrategias de venta.

La ejecución no es solo digital. También acompañamos en la implementación de estrategias de marketing tradicional, como acciones en el punto de venta, publicidad en medios tradicionales, etc.

En esta fase debemos definir cada cuánto vamos a analizar lo ejecutado. Puede ser mensualmente o cada trimestre. Pero es clave tomarse el tiempo para monitorear y optimizar.

Ventas digitales en acción

Con nuestro equipo de profesionales estamos listos para acompañar a tu negocio y potenciar las ventas por canales digitales.

Juntos vamos a elaborar estrategias para fidelizar a tus clientes actuales y realizar acciones para captar nuevos clientes.

¿Estás listo para evolucionar? Agendá una reunión gratuita con nosotros.

Por Cristhian Fink

Estamos en una época donde los clientes tienen el gran poder de elegir a quién comprarle. Y no lo hacen teniendo en cuenta la calidad, porque es algo básico que el vendedor debe garantizar, ni tampoco pensando en términos de trayectoria o las características técnicas del producto o servicio.

Los clientes queremos una buena experiencia, no queremos que la compra sea un problema. Si el vendedor no me atiende rápido, si me responde mal, si no aceptan pagos online, o si no cumple con lo que dice en el Instagram, voy a cancelar la compra, no volver a comprar ahí y hasta voy a recomendar que nadie lo haga.

Antes por respeto y amistad íbamos a comprar todo en el almacén del barrio. Hoy prefiero comprar por MercadoLibre y a veces no me preocupo en ver quién es el vendedor sino las opiniones de otros compradores.

Google, Facebook o Spotify son grandes empresas con una experiencia al cliente bien desarrollada y es inevitable que nuestros clientes nos comparen con ellos. Ser una empresa customer centric o con el cliente en el centro requiere que pensemos en nuestro cliente en todos los procesos de nuestro negocio.

Para esto es clave analizar cuál es la experiencia de tu cliente, es decir, medir la percepción emocional que tiene tu comprador en las diferentes interacciones con tu negocio.

Pensar la Experiencia del Cliente o Customer Experience (CX)  no es un cliché o algo mágico, sino que es una estrategia de negocios que se enfoca en lograr un beneficio económico gracias a la generación de vínculos emocionales con el cliente.

Existen cuatro elementos de tu negocio que debes monitorear en CX:

  • Atención al cliente: tanto digital (redes sociales, Whatsapp, correos electrónicos) como presencial.
  • Procesos internos
  • Satisfacción de tu cliente: medir la calidad que percibe tu cliente de tu producto o servicio.
  • Experiencia de tu cliente: medir la percepción del cliente sobre tu negocio luego de la compra.

Una herramienta clave para diseñar la experiencia de tu cliente es el Customer Journey Map. Se trata de analizar cada interacción de tu cliente con tu negocio, evaluar las emociones que siente y definir luego acciones para potenciarlas.

Teniendo una estrategia de Customer Experience podrás comprender y gestionar las emociones de tus clientes para generar un impacto positivo en tus resultados.

Agendá una reunión virtual o presencial con nuestro equipo profesional para conocer las soluciones a medida que tenemos para tu organización.

Por Lic. Verónica Herrera

Había un tema muy escuchado que se ponía en cada evento de cierre (despedidas de año fundamentalmente, sobre todo egresos). “Los generación X”  lo recordaran más claramente: “Todo concluye al fin…. Todo  tiene un final… todo termina…”

Si bien el tema era un poco “bajón” porque nos recordaba un cierre, una terminación, creo que un poco nos atravesaba, porque vale decir, paradójicamente nos provocaba ese “sabor agridulce” que cobran los finales de aperturas.

Llega esta altura del año, y pareciera que nos invita a realizar un recuento de las cosas, de las actividades realizadas y las que no, una suerte de repaso de acciones, pensamientos, eventos, trabajo, y tendemos a hacer un zapping de lo acontecido en el año.

En el campo de la Psicología se escribe mucho sobre procesos, no cierres, ni puntos finales, ya que la personalidad no es algo acabado, la singularidad no es algo que empieza y termina, sino que es dinámico, en un continuum, en constante transformación. No obstante, me gusta pensar en la necesidad de cronológicamente dar cierre para poder a su vez, hacer un balance final que nos posibilite abrir puertas, proyectar, y nos recargue las energías para un 2021 que impliquen desafíos, metas, cambios, aires nuevos….

Este año fue muy particular, además de los avatares propios de la época, se suma el hecho de la contingencia sanitaria que nos atravesó (y continúa atravesándonos) y es precisamente este segmento cronológico entre fin y principio que nos encuentra haciendo un repaso de los cambios, de los desafíos que implicó y de lo que tuvimos que aprender para adaptarnos a un nuevo contexto que probablemente, no estaba trazado en los objetivos del balance del año anterior.

Será la próxima meta, leer estos balances en clave de cierre apertura para que nos permita ver cómo nos posicionamos en el presente para reforzar los aspectos positivos del año y qué hacemos distinto para modificar aquellos que nos resultaron negativos.  Al respecto, dice la colega Fernanda Font que “el bienestar se construye, no viene dado y hay cosas que se pueden hacer para estar mejor: expresar gratitud, tomar la decisión de terminado el año, decirle gracias a las personas a las que estamos agradecidos. También desarrollar el optimismo y las emociones positivas, cuidar las relaciones sociales, tratar de vivir en el presente y fijar objetivos alcanzables para el año que empieza”.

Hablar de finales abiertos entonces es un oxímoron, porque es como decir el principio del fin, pero entre tanto, nos da la posibilidad de poner un punto seguido, una marca para dar comienzo a otra.  Estos finales abiertos que suponen un estímulo para imaginar cómo continuará la historia, que permiten entender que esa historia no ha terminado del todo, y entonces es un aliciente a la vez pensar en términos de eso que nos da esperanzas, nos recarga de energías, nos proyecta y nos transporta al próximo segmento cronológico que se avecina: el porvenir….

Por Luciana Cerúndolo

El comercio minorista retail y las ecommerce  se revolucionan al estar en vísperas navideñas. Este movimiento no solo lo experimenta el sector oferente sino también la demanda (clientes). Las variables que nos mueven al consumo son de amplio espectro, pueden responder a bases religiosas, prácticas culturales, tradiciones familiares etc. Sin indagar en profundidad qué es lo que nos mueve a consumir, la realidad es que se aproxima un pico de demanda estacional y las empresas o emprendedores saben que esto es una constante que deben aprovechar.

Las campañas o promociones navideñas deben planificarse como cualquier otra fecha especial. Es necesario tener en claro qué oferta de valor vamos a brindar y como la vamos a comunicar. Esta es la parte controlable del éxito.

La oferta de valor debe estar cimentada en Emociones positivas relacionadas con la fecha: sentimientos de amor, bondad, perdón, fraternidad, encuentro, disfrute.

El fin de la estrategia navideña, no solo debe ser el incremento de las ventas sino también reforzar y consolidar la relación con nuestros clientes, mostrar en que nos parecemos, recordarles por qué nos eligen, qué valores promueve nuestra marca que son compartidos por nuestros clientes y nos vuelven espejo.  Al ser diversa la finalidad y no solo comercial las herramientas que podemos usar son diversas:

  • Decoración e iluminación comercial (incluye música específica)
  • Eventos musicales (patrocinios) que por el contexto deberían ser al aire libre, via streaming o videos publicados en redes sociales.
  • Muestras y degustaciones enfocadas en la Navidad.
  • Merchandising alusivo (regalos pequeños).
  • Ediciones limitadas especificas (sobre todo para emprendedores o artesanos).
  • Campañas de email marketing con el saludo empresarial no debe faltar, es el momento de recordar y agradecer a los clientes el acompañamiento.
  • Publicidades below the line (debajo de la línea).

 

Es una oportunidad para vender, pero también para agradecer que seas nuestro cliente, para fortalecer el lazo que nos une y apostar al engagement. En esta época las marcas renuevan sus votos con los clientes, aquellos que creen en nosotros cada día con cada interacción, cada compra, cada clics, cada me gusta. En un año signado por el cambio y las montañas rusas emocionales, estamos más sensibles que nunca, tenemos la oportunidad de celebrar la vida y dar las gracias.

 

Felices fiestas les deseamos desde Grupo Comunicar a todos los que confían en nuestro Equipo.

Por Charly Dell´Aquila.

Si las empresas se reinventan para seguir su éxito, por el mismo motivo hay que reinventar el liderazgo. Las compañías no cambian su objetivo principal que es obtener resultados, sino que se modifica su formato.

Un líder exitoso seguramente tiene buen diálogo con la gente, dirige, planifica, busca acuerdos, se compromete y sirve de ejemplo.

Sin embargo cada una de esas características en el mundo VICA actual (volátil, impredecible, caótico y ambiguo) se han “oxidado” (no son tan efectivas como antes, no fluyen, dan más trabajo, requieren mayores esfuerzos).

El equipo a dirigir ya no está en el mismo lugar ni en el mismo tiempo, las reuniones son virtuales y muchas veces no nos encontramos en persona con los otros. Los proyectos tienen menos períodos de concreción, la agilidad ha ganado su lugar y todo está distribuido. Y para colmo: ¡No hay tiempo!

En este contexto las habilidades que el líder tiene que desarrollar son otras.

Y a pesar del contrasentido, el agua (H2O) es una solución.

El agua tiene distintos estados. A) Es líquida, lo que le da gran facilidad de fluir, de tener presencia, de ablandar, de integrar, de destrabar. B) También puede ser sólida, aportando dureza, estructura, firmeza, ocupando un espacio, y C) puede presentarse gaseosa, siendo liviana, voluminosa, transparente, ágil y con una densidad que puede ajustarse.

Hay que desarrollar nuevas habilidades o refrescar el modo en que ejercemos otras.

Algunas de ellas son:

a. Poder mirar el presente desde el futuro y tomar decisiones.

Desarrollar escenarios, tomar riesgos, marcar el “norte”.

b. Abandonar el esquema de certeza y precisión, y abrazar la claridad del rumbo.

Filtrar el ruido de datos y prestar atención a la información pertinente.

c. Evitar que el temor (algo natural que el mundo VICA nos provoca) nos paralice.

Entrenarnos en el temor (por elección) para que ese sentimiento no nos dañe ni nos obstaculice la acción.

d. Cultivar y hacer cultivar la pasión y la perseverancia.

El mundo VICA requiere gran cantidad de energía, no hay espacio para Líderes desapasionados con sus roles o proyectos.

e. Adaptarnos a organizaciones que no tienen una estructura definida y donde la autoridad está distribuida.

Gestionar una red de contactos, más que una estructura organizativa pasa a ser una característica crítica para lograr los objetivos.

f. Ejercer el liderazgo donde la “presencia” es no estar “presente”.

Trascender el cara a cara, en un mundo post Covid, no hay vuelta atrás. Esto implica también poder tener acceso a recursos no locales. Ya no importa la geografía, todos estamos a un click del otro.

g. Generar energía positiva, un ambiente de trabajo amigable y agradable donde todos quieren estar.

La pertenencia y el compromiso para “dar la milla extra” en el esfuerzo es el resultado de un ambiente co-diseñado entre todos. Ya sea físico o virtual. El líder tiene que facilitar la construcción de estos espacios de interconexión entre los miembros del equipo.

h. Utilizar las redes sociales para darnos a conocer como líderes.

En la antigüedad los colaboradores conocían a su líder a través de participar y compartir con él el día a día de la oficina. Ya no más.

Tanto por la virtualización como por el tiempo menor que los proyectos tienen en la actualidad. En la antigüedad los proyectos duraban años.. ahora duran semanas. No hay tiempo para generar con solo en esos momentos lazos importantes. Por ende la gente busca información en las redes. Es un requisito que el Líder tenga una imagen en las redes, donde su gente podrá conocer sus intereses, sus logros, sus valores, su trayectoria, sus hobbies, y todo lo que les permitirá saber con quién están trabajando. Esto es bidireccional o multidireccional, ya que todos los integrantes tienen la misma posibilidad, y la usan.

Estamos en un mundo donde el tiempo oxida la mayoría de las cosas.

Y al liderazgo también. Solo que antes ese tiempo se medía en días, y actualmente se cuenta en minutos.

Si siente ruidos, chirridos, y alguna dificultad en su liderazgo actual, no lo dude: ¡Llámenos! Sabemos cómo ayudarlo.

Por Fabricio San Martín

En Grupo Comunicar colaboramos para generar organizaciones más eficientes y personas más felices. Es claro que si haces lo que te apasiona entonces es más probable que tengas una vida plena y, como se suele decir, al hacer lo que te gusta deja de ser un trabajo por más que percibas un ingreso (entiéndase por esto que deja de ser una pesada carga u obligación que te aleja de lo que en verdad quieres hacer, solo por el simple hecho de tener que conseguir dinero).

Si hiciéramos una encuesta seguramente encontraríamos que un porcentaje se gana la vida haciendo algo que no es su pasión, o por lo menos algo que no es realmente lo que le gustaría hacer. Pero más grave aún que esto, es encontrarnos con una parte cuantiosa que respondería que no está seguro, porque ni siquiera está seguro de cuál es su verdadera pasión.

Con el término pasión me refiero a eso que estás dispuesto a hacer solo por gusto. A esas actividades que te hacen sentir más feliz y te brindan más energía y satisfacción. Eso que te hace olvidar del paso del tiempo, y que aún cuando físicamente estás exhausto sientes la motivación para continuar. Sin dudas es eso que cuando hablas con tus amigos puedes pasar horas hasta que ya no te aguanten. ¿Ya te imaginas a que me refiero?

Si aún no te pudiste representar esta actividad, no te preocupes, ya que siempre es mejor tarde que nunca. La realidad es que comúnmente no recibimos el estímulo adecuado, ni de chicos ni de grandes,  para poder experimentar y reflexionar sobre la importancia de tener en claro que nos gusta. De hecho es muy probable que nos sintamos absorbidos por el poder del grupo en el cual estemos vinculados, el cual entorpece nuestro juicio individual. Para algunos grupos, por ejemplo, el código es que estudiar es de sobón, si haces ciencias eres raro, si haces arte o danza amanerado. Para otros grupos, hacer esas cosas es absolutamente fundamental, ya que se convierten en la pasión que le da sentido a sus vidas. Si tuviéramos que representarlo gráficamente la pasión sería la base de la pirámide sobre la cual se construyen los sueños (la visión de nuestra vida), nuestra misión y nuestros objetivos. Si estos tres últimos no estuvieran asentados sobre la pasión, todo lo que construyamos encima sería una pesada carga difícil de soportar por no tener una base sólida.

La gran pregunta entonces, antes de poder comprobar si podemos vivir económicamente en base a esta convicción, es:

¿Qué estamos haciendo para experimentar y validar cuáles son nuestras pasiones?

Por Gastón Guillerón.

Desde que sabemos que estamos inmersos en una revolución digital, las organizaciones han intentado capitalizar el momento (por oportunidad o por necesidad) y se han lanzado (muchas veces sin ver que hay más allá) a la promoción de una serie de implementaciones tendientes a aprovechar toda esta nueva movida.

La necesidad de adecuarse y de tener un plan digital rápidamente ha movilizado acciones “salvavidas” para determinadas áreas o procesos con la esperanza que el mero hecho de sumar tecnología comience a generar retornos. Algunos ejemplos:

  • Iniciar el demorado proyecto de disponer de un sitio web institucional
  • Activar redes sociales y comenzar a generar contenidos para dar a conocer la marca
  • Crear rápidamente una cuenta en sistemas de e-commerce y vender todo lo que se pueda por ese canal
  • Tener todas las reuniones de equipo utilizando alguna plataforma de conferencias

¿Estas propuestas digitales son válidas? Claro que sí, pero aquí aplica la siguiente reflexión: No por comprarme libros de cocina o ver programas de televisión voy a ser un chef con estrellas Michelin. Dicho de otra forma: no por sumar activos digitales habré iniciado una verdadera transformación digital en mi empresa.

La madurez digital

Para guiar ese camino se requiere una metodología que acompañe a la organización en el desarrollo de la madurez digital. 

Como sucede con las personas, las organizaciones también deben madurar en el tema. Existen muchas metodologías que abordan este concepto y promovidas por consultoras internacionales (Capgemini, Forrester, Deloitte) pero básicamente identifican estos momentos de una organización:

  • Conservador: existe descreimiento o desconocimiento por el valor de la adopción tecnológica. 
  • Principiante: La tecnología comienza a adoptarse como soporte en pocos procesos, a modo de comenzar a demostrar su valor.
  • Moderado: La tecnología crece como soporte para diferentes procesos o áreas de negocio.
  • Estratégico: La tecnología se masifica internamente y ya no actúa como soporte para la eficiencia sino que es protagonista en el cumplimiento de los objetivos de negocio.
  • Diferencial: La tecnología es fundamental para el éxito de la organización y es motivo de la ventaja diferencial que tiene respecto a competidores.

Está claro ¿pero como vamos avanzando en las etapas de madurez mencionadas? La respuesta es casi la misma para quien se compró un libro de cocina y desea obtener su reconocimiento como chef internacional: conocimiento, metodología, disciplina.

Las dimensiones de la transformación digital

Como solemos decir, los proyectos de transformación digital no son solo tecnológicos. Requieren un equilibrio tecnología-cultura organizacional-metodología:

  • En cuanto a lo tecnológico

Conocer las tendencias en cuanto a los habilitadores tecnológicos como son la inteligencia artificial, big data, Internet de las cosas, computación en la nube, automatización y robótica, entre otros.

Estos habilitadores establecen formas de capitalizar la tecnología y orientan a la elección de las herramientas que mejor puedan aportar al negocio.

Además, dimensiones como el costo de inversión en dichas herramientas (pagas o gratuitas), que tan integrables son entre sí, qué recursos necesito internamente para poderlas soportar, serán determinantes para ir cerrando el rompecabezas de la infraestructura digital.

  • En cuanto a la cultura

Podemos tener resuelto el plano tecnológico, pero si las personas que forman parte de la organización no hicieron el “clic” para la apertura que el mundo digital requiere, no podremos avanzar mucho.

La cultura digital requiere de mentes dispuestas permanentemente a aprender, a reconocer sus errores, a decidir, a valorar los datos. En definitiva, necesitamos mayores competencias digitales.

  • En cuanto a la metodología

Finalmente, se requiere de una metodología para avanzar. Aquí, las denominadas metodologías ágiles son las que marcan el norte. 

Es fundamental descomponer el viaje en ciclos cortos, porque facilitan la planificación del próximo paso, simplifican el seguimiento del trabajo y fomentan la evaluación de los resultados del trabajo realizado. 

Hoy día, la transformación digital es una oportunidad para el desarrollo de la ventaja competitiva pero también existe el riesgo de que se vea como una moda. Para saber discernir los motivos para implementarla, hay que reflexionar como nos sugiere el reconocido arquitecto Cedric Price:

La tecnología es la respuesta. Pero ¿cuál es la pregunta?

Por Psicóloga Verónica Herrera.

Hay un nuevo integrante que cobra un lugar relevante y central en nuestra dinámica familiar y vida cotidiana, al punto tal que se ha convertido en el protagonista de nuestras vidas. La presencia y en ocasiones la “omnipresencia” de la tecnología a través de las pantallas y redes sociales, amerita una consideración en el contexto actual donde gran parte de nuestro tiempo lo invertimos y elegimos pasarlo allí.

A partir de ver el documental “El dilema de las redes sociales” (Netflix), se me han presentado inquietudes que me parece importante retomar. ¿Qué es lo que convocan las redes? Un despliegue narcisista, y exhibicionista: la necesidad de agradar, de tener amigos (muchos), de recibir likes, de medir la cantidad de reproducciones, ser visto y “reproducido”.

Bien sabemos que el narcisismo es necesario en la vida, “una cuota de narcisismo preserva de enfermar”, porque nos permite una vuelta a sí mismo en situaciones que ameritan una concentración en uno mismo. Por ejemplo: cuando enfermamos o tenemos algún dolor, hay concentración narcisista; cuando estamos tristes, cuando estudiamos y demás. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el narcisismo reemplaza y sustituye otros modos de vínculos?

¿Qué pasa cuando no sos “cool”, “pro”, “poxi” y más bien tendés a ser “loser”? Existe bibliografía y series que reflejan el significado de “pertenecer” o “no pertenecer” en edades donde se encuentra el sujeto armando su propia historia de vida y este dilema resulta trascendental en sus historias. Adolescentes donde se les juega de manera notable la pertenencia, porque pertenecer o no hace a la identidad y a la configuración de la misma.

Podría citar cantidad de escenas (no solamente de películas y series) sino de la vida cotidiana donde queda de manifiesto los vínculos que establecemos con los objetos (tecnológicos). Por ejemplo, estar almorzando en familia, con el teléfono pegado al plato (por si recibo una notificación impostergable). Ir manejando y tener la “urgencia” de mirar el celular, a sabiendas, del anticipo de un posible choque.

Todos podemos hace la experiencia de haber subido o posteado una publicación y estar luego pendientes, a la expectativa de cantidad de likes, corazones, comentarios o reproducciones logradas.

¿A la expectativa de qué? De los efectos, de lo que provoca. Si seduce o no, si gusta o no. Todos de alguna manera podemos quedar capturados por la imagen y la virtualidad. De hecho en el contexto en el que estamos, pasamos mucho tiempo en plataformas virtuales y redes. Nuestros encuentros hoy son de ese orden, incluso nos han permitido “acercarnos” con personas que de otro modo no hubiera sido posible. Entonces, no es cuestión desterrar, ni “demonizar” los dispositivos, sino al contrario, concientizar el uso y control en todo caso que podemos tener de la tecnología y no al revés.

No se trata ya de tecnología si o tecnología no. Eso no está en discusión. La tecnología llegó para quedarse y considero que su uso es muy útil para la vida de las personas (ni hablar hoy en este contexto).

Simplemente apelo a un llamado a la reflexión sobre el uso debido e (indebido) de las tecnologías, una suerte de “ética de las tecnologías” que regulen las prácticas la de los adultos, y la de nuestros hijos, sobre todo en etapas vitales de personas que se encuentren en proceso de construcción de su identidad.

Creo que como adultos podemos diferenciar y discriminar más claramente el uso que hacemos de la tecnología y su utilización como herramienta (laboral, personal, pasatiempo). El tema quizás es cuando la herramienta hace uso de nosotros y quedamos subsumidos en ella, sin poder discriminarnos, “perdernos” subjetivamente puede resultar un problema. No diferenciar el “yo real” del “yo virtual” en edades donde la identidad se está construyendo y donde verdaderamente esa discriminación no está aún establecida puede tener consecuencias subjetivas importantes.

Si nosotros como adultos no lo podemos regular, ¿quién sino?