Hace unos días, charlando en una sesión de coacheo me trajeron este tema: hay dos clases de equipos: los tipo “Fórmula 1” y los tipo “Fútbol”.
Los Fórmula 1 trabajan muy coordinados, cada uno se preocupa por hacer su parte bien y listo. Le deja al otro que sigue en esta cadena que haga lo suyo y éste al siguiente. Y es así, concuerdo.
Por otro lado, está el Equipo de Fútbol (y no hablo del Barca que es de otro mundo, hablo en general de los equipos normales). En estos equipos, también hay especialización pero prima el juego. Si un delantero tiene que defender: defiende, y todos están atentos al juego. Algunas jugadas, de hecho, hacen que intervengan todos.
Y ahí me hacen la pregunta del millón: ¿qué estilo de equipo es mejor? Obvio, consultor como soy, salí por la tangente, pero la verdad es que respondí en forma adecuada. Aquí les cuento:
No hay estilo buenos o malos de por sí. Todo depende de qué es lo que queremos lograr.
Hagamos un análisis del “proyecto” que cada uno de estos equipos tiene que resolver.
Proyecto Fórmula 1.
Durante la carrera hay instancias bien marcadas (simplifico): calentamiento, largada, carrera en sí y, si todo va bien, podio. Las carreras de autos, más allá de que cada vez tienen mayor tecnología y velocidad, desde el punto de vista de las tareas, no han cambiado significativamente.
Por eso, la especialización aquí vale mucho, tenemos los ingenieros que diseñan, los mecánicos que tienen cronometrada cualquier eventualidad de entrada en los boxes, y los estrategas que le van diciendo al conductor como va, cuándo y cómo le conviene avanzar en la carrera.
Como vemos, es un poco complicado pedirle al estratega que cambie las ruedas o al mecánico especialista en motor que valide si los neumáticos para lluvia son los adecuados. Aquí, están bien marcadas las etapas y las especializaciones.
Proyecto Fútbol
También hay especialistas: entrenadores, técnicos, masajistas, utileros, etc. Que actúan más que nada en la previa, pero vamos al momento del juego en sí. Los 90 minutos y al equipo que sale a la cancha.
La dinámica del juego hace que no se pueda prever las jugadas ni dividir las tareas en el tiempo. No hay posibilidad de hacer un mapeo temporal. El atractivo del juego es que es caótico y que los jugadores y el técnico tienen que adaptarse en el momento.
Así las cosas, el defensor no puede “relajarse” porque la pelota está a 50m y en control del propio equipo, porque en 2 segundos esto se da vuelta y los tiene de frente atacando su propio arco. Aquí lo que se exige a los miembros de estos equipos es flexibilidad en su especialización, no relajarse y ser dúctil y cooperativo. ¿Ven el punto? No hay mucho en común con el otro “proyecto”.
Entonces, podríamos decir que en proyectos que son repetitivos y previsibles el diferencial de valor está en la especialización y en la alta eficiencia de la coordinación entre ellos: vale un encuadre del tipo Fórmula 1.
En proyectos nuevos, en ambientes cambiantes, en situaciones de crisis, vale un enfoque más futbolero: todos atentos y prestos para colaborar de la forma más conveniente.
En la empresa en la que trabajas, ¿Qué tipo de “proyecto” hacen?, ¿Qué tipo de equipo tienen?
El problema pasa a ser qué encuadre necesitan porque si tienen el que no corresponde, llegás bastante tarde a tu casa, hay mucho conflicto, los problemas se hacen crónicos y el proyecto pasa a ser un dolor de cabeza.
Tenés el mejor carro y el mejor caballo ¿Pero en qué orden? ¿El Caballo atrás o adelante del carro? ¡Esa es la pregunta del millón!